Análisis “San Manuel Bueno, mártir”, Miguel de Unamuno.
Se plantea la temática de la fe y la esperanza, en San Manuel Bueno, se despertaba un gran afecto por los más desfavorecidos y los más díscolos de su pueblo, lo cual me parece un guiño de autocompasión, pues él se sentía profundamente desdichado por no creer en la vida después de la muerte, y sin embargo, profesar a su pueblo, a aquellos que lo seguían fervientemente, la idea de la religión y la esperanza como aquello único indispensable para la “salvación”; precisamente esa conducta de sacrificio lo convertía en mártir, pues su más profundo deseo era el de ver a su pueblo contento, esperanzado.
Creo que San Manuel, no vio en Lázaro una amenaza con sus ideas progresistas, más bien se sintió identificado por cómo éste pensaba, por lo que insistió en acercarse a él y convertirlo en su aliado, y precisamente a él confesar su más terrible secreto, de manera que despertó en Lázaro la admiración, por ser un hombre dispuesto a sacrificar “su verdad” en beneficio de la comunidad.
Cómo estudiante de Pedagogía, me atrevo a hacer un paralelo entre nuestra realidad educativa y la de Valverde de Lucerna, pues San Manuel Bueno, en su afán de esconder su gran secreto, el de no creer en aquello que profesaba, de alguna manera, creía de igual forma, pues aquello que hacía, lo hacía por amor a su pueblo, a su Valverde de Lucerna, con la idea de escapar a su propia verdad, pero que en definitiva, le permitía creer a través de la esperanza de sus seguidores, de igual forma, un profesor, aún cuando de pronto no crea en el sistema en el que está inmerso, debe trabajar arduamente para que sus alumnos, los padres de estos y la sociedad en general, vean en la Educación el único camino a la igualdad, al desarrollo de un país, y que el mejor representante de ello será él mismo, en cada conducta que de él nazca, y que aún cuando sus fuerzas estén por sucumbir al tedio, a la negación, a la desesperanza, seguir profesando los ideales que en un principio lo llevaron a tomar la dirección de la Pedagogía, y así creer, que es mucho mejor que no creer; eso es lo que intenta demostrar el autor en esta obra, anteponer la esperanza a la desesperanza.
De hecho el autor en el epílogo, al final de la obra, plantea que en el caso de haber confesado san Manuel y su discípulo Lázaro su estado de creencia, el pueblo no les hubiese creído. (…) “Habrían creído a sus obras y no a sus palabras, porque las palabras no sirven para apoyar las obras, sino que las obras se bastan”; de la misma forma nuestras obras como futuros docentes, esto es, la entrega, más bien la pasión de la entrega, el entender que nuestro trabajo tendrá tal impacto en nuestros potenciales alumnos, deben ser verdaderas, y no sólo verdaderas, también de excelencia, deben superarnos y tener la capacidad, la sabiduría me atrevo a decir, de anteponer el bienestar, el crecimiento personal y académico de nuestros futuros alumnos, por sobre nuestros intereses más personales, sobre nuestras dudas, sobre nuestro abatimiento, en tal caso, de manera que nuestro legado sea esencialmente nuestra entrega, nuestras obras, nuestra conducta.
Es también pertinente, manifestar que a partir de la lectura de "San Manuel Bueno, mártir", surge con mayor fuerza la importancia de realizar aquello que nos da satisfacción, pues en cuanto a mártir, no sería recomendable que existieran en nuestro sistema educativo, tan sólo “mártires” comprometidos con la causa. En san Manuel, empezaban a decaer las fuerzas, “ya no lograba contener del todo la insondable tristeza que le consumía”, él no sucumbió, sin embargo, él era un santo, sabio, con rasgos heroicos, me atrevo a decir, pues se advierten en su actuar virtudes cardinales muy marcadas; obviamente los docentes actuales, y los futuros profesores, no tenemos dichas características, por lo que es de suma importancia elegir el camino de la Pedagogía movido por un gran sentimiento de convicción, para a partir de ello, manifestar en nuestras obras la entrega que superará a nuestras palabras.
Preguntas
1.- ¿Sería positivo encontrar profesores “mártires” en nuestra realidad educativa?
Así como se plantea en el análisis anterior, es de suma importancia la elección de la Pedagogía por una profunda convicción, para realizar por tanto la actividad docente creyendo fervientemente en ello, aún cuando se esté presenciando una crisis en el sistema educativo, aún cuando se piense que está mal implementado, aún cuando no sienta el docente, el apoyo necesario por parte de la comunidad a la que pertenece, aún cuando crea que su trabajo es mal remunerado; resultaría nefasto ser por tanto, un “mártir” de la Educación. La lección más importante que nos deja “San Manuel Bueno, mártir”, es precisamente la de no ser un mártir, y realizar el ejercicio pedagógico fundamentalmente porque se cree en ello, porque se ve en esa actividad, un agente de cambio efectivo o porque dicha actividad, puede ser gestora de la transformación de nuestra sociedad.
De ser otro el móvil de nuestra elección de la Pedagogía como ejercicio profesional, estaríamos condenados al sufrimiento y tristeza que fue presa san Manuel, que por cierto, era un santo; nosotros nos alejamos considerablemente de esa condición, por lo que la vocación ha de ser esencial al momento de elegir la Pedagogía.
2.- ¿Cómo explicaría la paradoja de la inmortalidad de san Manuel, producto de la creencia que él mismo cultivó tan arduamente en el pueblo?
San Manuel, manifestó a lo largo de su vida una convicción, la cual era la de mantener a su pueblo “adormecido” en la creencia, en la esperanza de una vida más allá de la vida, que era precisamente en lo que él no creía, y es a partir de su obra más importante, la de negar su verdad en beneficio de su pueblo, que él mismo pasó a la inmortalidad, por vivir en el recuerdo, en la memoria de Valverde de Lucerna. En general, nuestras obras, las conductas de las personas, se bastan por sí solas y superan muchas veces los pensamientos y/o las dudas que en ocasiones nos invaden y se oponen a aquello que hacemos diariamente.
En el ámbito de la Educación, como se plantea en al análisis anterior, será nuestro actuar pedagógico integral, y no sólo las palabras, lo que nos hará, no sólo dejar una marca, por el sólo gusto o capricho de querer dejarla, sino por añadidura, por amor a lo que hacemos, independiente de nuestras dudas, nuestro abatimiento, nuestros egos.
Nuestras conductas bastarán y estaremos propiciando, no nuestra inmortalidad, sino la alegría de haber hecho algo en lo que creíamos profundamente, eso se percibe, se agradece y constituye una experiencia riquísima en los alumnos que tuvieron la fortuna de dar con docentes por convicción, sin quererlo, eso constituirá nuestra inmortalidad, porque viviremos en el recuerdo, más bien en el buen recuerdo de nuestros alumnos, así cómo viven en mi y en aquellos que al igual que yo tuvieron la suerte de ser educados por profesores que amaban realmente lo que hacían y gracias a ese recuerdo los profesores serán siempre identificados con la vocación, y cada vez que una persona elija el camino de la Pedagogía estará movido por un sentimiento de profunda convicción, ese ha de ser el legado.
Se plantea la temática de la fe y la esperanza, en San Manuel Bueno, se despertaba un gran afecto por los más desfavorecidos y los más díscolos de su pueblo, lo cual me parece un guiño de autocompasión, pues él se sentía profundamente desdichado por no creer en la vida después de la muerte, y sin embargo, profesar a su pueblo, a aquellos que lo seguían fervientemente, la idea de la religión y la esperanza como aquello único indispensable para la “salvación”; precisamente esa conducta de sacrificio lo convertía en mártir, pues su más profundo deseo era el de ver a su pueblo contento, esperanzado.Creo que San Manuel, no vio en Lázaro una amenaza con sus ideas progresistas, más bien se sintió identificado por cómo éste pensaba, por lo que insistió en acercarse a él y convertirlo en su aliado, y precisamente a él confesar su más terrible secreto, de manera que despertó en Lázaro la admiración, por ser un hombre dispuesto a sacrificar “su verdad” en beneficio de la comunidad.
Cómo estudiante de Pedagogía, me atrevo a hacer un paralelo entre nuestra realidad educativa y la de Valverde de Lucerna, pues San Manuel Bueno, en su afán de esconder su gran secreto, el de no creer en aquello que profesaba, de alguna manera, creía de igual forma, pues aquello que hacía, lo hacía por amor a su pueblo, a su Valverde de Lucerna, con la idea de escapar a su propia verdad, pero que en definitiva, le permitía creer a través de la esperanza de sus seguidores, de igual forma, un profesor, aún cuando de pronto no crea en el sistema en el que está inmerso, debe trabajar arduamente para que sus alumnos, los padres de estos y la sociedad en general, vean en la Educación el único camino a la igualdad, al desarrollo de un país, y que el mejor representante de ello será él mismo, en cada conducta que de él nazca, y que aún cuando sus fuerzas estén por sucumbir al tedio, a la negación, a la desesperanza, seguir profesando los ideales que en un principio lo llevaron a tomar la dirección de la Pedagogía, y así creer, que es mucho mejor que no creer; eso es lo que intenta demostrar el autor en esta obra, anteponer la esperanza a la desesperanza.
De hecho el autor en el epílogo, al final de la obra, plantea que en el caso de haber confesado san Manuel y su discípulo Lázaro su estado de creencia, el pueblo no les hubiese creído. (…) “Habrían creído a sus obras y no a sus palabras, porque las palabras no sirven para apoyar las obras, sino que las obras se bastan”; de la misma forma nuestras obras como futuros docentes, esto es, la entrega, más bien la pasión de la entrega, el entender que nuestro trabajo tendrá tal impacto en nuestros potenciales alumnos, deben ser verdaderas, y no sólo verdaderas, también de excelencia, deben superarnos y tener la capacidad, la sabiduría me atrevo a decir, de anteponer el bienestar, el crecimiento personal y académico de nuestros futuros alumnos, por sobre nuestros intereses más personales, sobre nuestras dudas, sobre nuestro abatimiento, en tal caso, de manera que nuestro legado sea esencialmente nuestra entrega, nuestras obras, nuestra conducta.
Es también pertinente, manifestar que a partir de la lectura de "San Manuel Bueno, mártir", surge con mayor fuerza la importancia de realizar aquello que nos da satisfacción, pues en cuanto a mártir, no sería recomendable que existieran en nuestro sistema educativo, tan sólo “mártires” comprometidos con la causa. En san Manuel, empezaban a decaer las fuerzas, “ya no lograba contener del todo la insondable tristeza que le consumía”, él no sucumbió, sin embargo, él era un santo, sabio, con rasgos heroicos, me atrevo a decir, pues se advierten en su actuar virtudes cardinales muy marcadas; obviamente los docentes actuales, y los futuros profesores, no tenemos dichas características, por lo que es de suma importancia elegir el camino de la Pedagogía movido por un gran sentimiento de convicción, para a partir de ello, manifestar en nuestras obras la entrega que superará a nuestras palabras.
Preguntas
1.- ¿Sería positivo encontrar profesores “mártires” en nuestra realidad educativa?
Así como se plantea en el análisis anterior, es de suma importancia la elección de la Pedagogía por una profunda convicción, para realizar por tanto la actividad docente creyendo fervientemente en ello, aún cuando se esté presenciando una crisis en el sistema educativo, aún cuando se piense que está mal implementado, aún cuando no sienta el docente, el apoyo necesario por parte de la comunidad a la que pertenece, aún cuando crea que su trabajo es mal remunerado; resultaría nefasto ser por tanto, un “mártir” de la Educación. La lección más importante que nos deja “San Manuel Bueno, mártir”, es precisamente la de no ser un mártir, y realizar el ejercicio pedagógico fundamentalmente porque se cree en ello, porque se ve en esa actividad, un agente de cambio efectivo o porque dicha actividad, puede ser gestora de la transformación de nuestra sociedad.
De ser otro el móvil de nuestra elección de la Pedagogía como ejercicio profesional, estaríamos condenados al sufrimiento y tristeza que fue presa san Manuel, que por cierto, era un santo; nosotros nos alejamos considerablemente de esa condición, por lo que la vocación ha de ser esencial al momento de elegir la Pedagogía.
2.- ¿Cómo explicaría la paradoja de la inmortalidad de san Manuel, producto de la creencia que él mismo cultivó tan arduamente en el pueblo?
San Manuel, manifestó a lo largo de su vida una convicción, la cual era la de mantener a su pueblo “adormecido” en la creencia, en la esperanza de una vida más allá de la vida, que era precisamente en lo que él no creía, y es a partir de su obra más importante, la de negar su verdad en beneficio de su pueblo, que él mismo pasó a la inmortalidad, por vivir en el recuerdo, en la memoria de Valverde de Lucerna. En general, nuestras obras, las conductas de las personas, se bastan por sí solas y superan muchas veces los pensamientos y/o las dudas que en ocasiones nos invaden y se oponen a aquello que hacemos diariamente.
En el ámbito de la Educación, como se plantea en al análisis anterior, será nuestro actuar pedagógico integral, y no sólo las palabras, lo que nos hará, no sólo dejar una marca, por el sólo gusto o capricho de querer dejarla, sino por añadidura, por amor a lo que hacemos, independiente de nuestras dudas, nuestro abatimiento, nuestros egos.
Nuestras conductas bastarán y estaremos propiciando, no nuestra inmortalidad, sino la alegría de haber hecho algo en lo que creíamos profundamente, eso se percibe, se agradece y constituye una experiencia riquísima en los alumnos que tuvieron la fortuna de dar con docentes por convicción, sin quererlo, eso constituirá nuestra inmortalidad, porque viviremos en el recuerdo, más bien en el buen recuerdo de nuestros alumnos, así cómo viven en mi y en aquellos que al igual que yo tuvieron la suerte de ser educados por profesores que amaban realmente lo que hacían y gracias a ese recuerdo los profesores serán siempre identificados con la vocación, y cada vez que una persona elija el camino de la Pedagogía estará movido por un sentimiento de profunda convicción, ese ha de ser el legado.





